09 abril 2020

Una misma pandemia, distintas perspectivas


Mientras China se recupera de la crisis causada por el coronavirus, su rápida extensión por el resto del planeta ha llevado a muchos países a tomar medidas restrictivas. Viajes y negocios se paralizan y la economía mundial se ralentiza. Y lo más grave, muchos enferman todavía a diario.

La pandemia es global, pero las experiencias pueden ser muy diferentes en función de dónde vive uno o incluso a qué se dedica. 

Para acercarnos a diferentes realidades y analizar con ellos la situación, hemos contactado con cuatro miembros de la Asociación de Becarios ”la Caixa”, y así conocer, desde su perspectiva y situación geográfica, cómo están viviendo estas circunstancias excepcionales. 

Regina Bou está realizando su doctorado en la Universidad Weill Cornell Medicine y es investigadora en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center. Reside en Nueva York, Estados Unidos, desde el 2018, cuando inició su doctorado en inmunología y patogénesis microbiana gracias a una beca de la Fundación ”la Caixa”. Regina ha sido testigo de cómo este país se ha convertido en el principal foco de la pandemia. “Veíamos lo que estaba pasando en Europa y Asia, pero pensábamos que no iba a llegar aquí”, nos cuenta. Desde hace tres semanas —incluso antes de que el Gobierno del Estado de Nueva York impusiera el confinamiento—, tanto su universidad como su centro de investigación cancelaron las clases y cerraron los laboratorios. 

“Es duro tener que parar tu investigación y pensar en el dinero y tiempo perdidos”, confiesa Regina, pero ella sigue trabajando y formándose on-line a la vez que revisa artículos relacionados con el virus SARS-CoV-2 para compartir información científica fiable entre la comunidad estudiantil. En los próximos días, junto con compañeros de su universidad, espera poder realizar pruebas diagnósticas de COVID-19 en Weill Cornell, como ya lo hacen estudiantes de doctorado de otras universidades del país, y poder así ayudar activamente en lo que ella considera crucial: “aumentar el número de test para ser capaces de identificar personas asintomáticas o con síntomas leves y garantizar su aislamiento. Es frustrante saber que los laboratorios cerrados cuentan con instrumental que podría ser utilizado para el diagnóstico.” 

A Luis Cornago le resultaba extraño observar cómo “autobuses y mercados seguían llenos a mediados de marzo”, mientras que en España e Italia ya se había declarado el estado de alarma. Y es que inicialmente la apuesta de Reino Unido, país al que se mudó en el 2017 gracias a una beca para realizar un máster en política comparada en la London School of Economics and Political Science, fue dejar que la inmunidad de grupo frenara la epidemia. Tras la publicación de un informe bastante pesimista del prestigioso Imperial College of London, “hubo un cambio de estrategia —nos cuenta Luis—, aunque las medidas siguen siendo menos restrictivas que en España”. 

Como analista de riesgo político en la consultora Teneo, su trabajo consiste en entender las consecuencias políticas y económicas que se deriven de esta situación. “Todavía es pronto para avanzar sus consecuencias sobre el futuro de nuestras sociedades”, comenta, pero augura que “como observamos en Asia, hay que estar preparados para que las cosas no vuelvan a la normalidad hasta dentro de al menos de unos meses”. También anticipa que tal vez los ciudadanos a partir de ahora sean más exigentes con los estándares de algunos productos, lo cual afectaría a la globalización tal y como la entendíamos hasta ahora.

Nerea Amorós fundó un estudio de arquitectura y consultoría, llamado Creative Assemblages, en Uganda en el 2019. Se mudó allí tras doctorarse en diseño arquitectónico por la University College London, gracias a la beca que recibió en el 2016. “La mayoría de la gente en Uganda está calmada y, en algunos casos, aún en la fase de quitarle importancia. Pero el impacto en la vida de cientos de miles de personas que viven al día y con muy pocos recursos económicos y materiales se va a empezar a vivir con intensidad a medida que el confinamiento y el cierre de fronteras continúe”, nos cuenta. 
Desde su punto de vista, “esta crisis ha destapado problemas de valores en muchas sociedades, en las que se ha ido reduciendo la inversión en salud pública. Pero en el caso de África, la necesidad de infraestructuras y material sanitario ya existía antes de la crisis de la COVID-19”. Como profesional y formadora de la arquitectura, y además con un interés especial en la asistencia a refugiados, Nerea cree que “este episodio debería hacernos reflexionar sobre los mecanismos arquitectónicos con los que podemos mejorar la vida de las personas y la sostenibilidad medioambiental”. Espera, también, que de esto salgan “mentes pensantes, políticos y diseñadores dispuestos a mejorar las redes de salud, en nuestros países y globalmente”.

Teresa Barrio Traspaderne se especializó en violencia, conflictos y desarrollo gracias a una beca para realizar un máster en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres. Tras renunciar a su puesto de coordinadora de la Oficina Regional de Europa en Amnistía Internacional en Londres, Teresa llegó a México hace dos meses y de momento trabaja desde casa, “por lo que la situación causada por la COVID-19 no ha afectado tanto a mi rutina diaria. El principal problema radica en que aquí casi el 50 % de la población vive en situación de pobreza; para ellos quedarse en casa no es siquiera una opción”, declara. En este contexto le resulta paradójico pensar que “la COVID-19 es una enfermedad importada a México por la clase media y alta que, sin embargo, sufrirán más quienes menos recursos tienen”. No obstante, Teresa se mantiene optimista y comparte con nosotros una bonita reflexión: “en chino la palabra crisis es la suma de ‘peligro y oportunidad’; esta pandemia, a pesar de la tragedia humana que conlleva, nos brinda a su vez la oportunidad de convertirnos en ciudadanos más responsables para con la sociedad y el planeta mismo”.