19 septiembre 2019

Ojos abiertos para la paz


En los años ochenta, en pleno proceso de negociación entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano, Gabriel García Márquez acudió a una manifestación masiva en apoyo de la posibilidad de paz. Como otros entre los miles de personas que celebraban el acto, Gabo fue requerido para que dibujase la paloma de la paz en una pancarta. Pero, antes de estampar su firma, añadió una frase que hoy ya es leyenda: “¡Viva la paz con los ojos abiertos!”.

Colombia es uno de los países que más han debatido el rol del periodismo a la hora de alimentar o calmar sus guerras, y es precisamente en ese “con los ojos abiertos” que anotó el Nobel donde fundaciones y talleres especializados han hallado la clave. No se trata de encontrar un objetivo supremo en nuestra labor periodística. Basta, simplemente, con hacer bien nuestro trabajo y abrir ojos. 

El año pasado, un estudio publicado por la Universidad de Ámsterdam concluyó que los periodistas colombianos se veían a sí mismos como agentes activos a la hora de movilizar el debate público. Pero mientras para algunos esa movilización debía estar orientada al diálogo, para otros el objetivo era el cese de las negociaciones. Es decir, cuando la labor no es solo contar los hechos, sino lograr objetivos, la labor periodística se desvirtúa.

Dentro de este periodismo que no se conforma con contar hechos hay ejemplos de impacto positivo extraordinario, como el de George Steer, escritor antifascista que fue el primero en narrar al mundo el bombardeo de Guernica. Pero también más desagradables, como el de la RTLM, una emisora de radio mundialmente conocida por su rol como incitadora de odio en el genocidio de Ruanda. Después de que el avión en el que viajaba el presidente hutu Habyarimana fuera derribado, llamaron a una “guerra final con la que exterminar a las cucarachas”, como llamaron a los tutsis. La diferencia, más allá de las motivaciones ideológicas de cada caso, es que en el primero se hizo periodismo y en  el segundo propaganda. En el primero, bastó una aséptica descripción de los hechos para despertar al mundo. Y es que todo periodismo, si bueno, es periodismo de paz. 

Como periodistas, no hemos venido a traer la guerra. Ni la paz. Hemos venido a contar. La convivencia pacífica será, si acaso, un subproducto del trabajo bien hecho. Un trabajo que, por cierto, atañe a todas las especialidades del periodismo. Porque hoy las trincheras no están solo allá donde ocurren los bombardeos. Hay conflicto detrás del cambio climático, lo hay en el narcotráfico, en la violencia sexual, en la desigualdad económica, en las crisis migratorias o incluso en la amenaza de la posverdad. Habrá buen periodismo siempre que se ponga nombre a estas realidades. Y con los ojos abiertos a ellas, habrá paz.

 

 

Leire Ariz (Reino Unido, 2014), es periodista en la productora 93 Metros y máster en Políticas Públicas Internacionales.